El cabezazo del delantero Youssef En-Nesyri ante Portugal tuvo un efecto atronador en muchos barrios de ciudades españolas. Un característico rugido futbolero, pero que llegaba esta vez teñido de un acento distinto. Un entusiasmo arrancado de gargantas acostumbradas a tragar, más que a celebrar. El gol que selló el pase de la selección de Marruecos a semifinales activó una euforia en las calles que rebosaba aromas de desquite. “No me gusta decirlo, pero claro que hay racismo, y lo notamos a menudo”, afirmaba en plena celebración en un pueblo de Tarragona un chico que se presentaba como Aziz. Su afirmación trataba de satisfacer una pregunta previa que cuestionaba sobre la notable presencia de gente muy joven, y supuestamente crecida lejos de Marruecos, en los festejos por los logros del combinado norteafricano. En Barcelona, unos 2.400 aficionados se concentraron en las calles del centro, informó la Guardia Urbana. En Madrid, la peregrinación de la épica victoria marroquí comenzó en la plaza Nelson Mandela del barrio de Lavapiés. Desde allí, un grupo de jóvenes festejaban eufóricos en dirección a la Puerta del Sol, escenario de la celebración más multitudinaria. Repetían un cántico en árabe que significa “enhorabuena somos los mejores”.

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