Aclamada por la multitud musulmana que llena los estadios de Doha y exaltada por su victoria ante España, la selección de Marruecos rompió la barrera que separaba a los equipos de África de las semifinales de la Copa del Mundo. Lo hizo ante Portugal, que contaba con una de las plantillas más poderosas del torneo pero que vivió desgarrada por la decadencia arrebatadora de Cristiano. El goleador ingresó en el minuto 50 a tiempo de acelerar el hundimiento de su equipo, aturdido por el 1-0 de En Nesyri al filo del descanso y acosado por un rival que primero se hizo fuerte en su área y después se fue soltando con el balón en los pies, de la mano de Amrabat, Hakimi, Amallah, Boufal, Ziyech y Ounahi, cada vez más atrevidos y desmelenados para romper la presión.

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