María Vicente en una imagen de archivo de los Mundiales de Atletismo de Glasgow 2024.

Era un día precioso. Lucía el sol en Götzis y las gradas estaban repletas de un público entusiasmado porque en la línea de salida del 800, la última prueba del heptatlón, Anna Hall, la estadounidense, por la calle 1, tenía a tiro los 7.000 puntos, una frontera que solo habían cruzado cuatro mujeres a lo largo de la historia. En la calle 6, María Vicente intentaba controlar los nervios respirando muy hondo. La plusmarquista española llegaba al desenlace, después de mucho sufrir, con el récord (6.304 puntos) a su alcance. Sonó el breve toque de trompeta con la melodía taurina, el público respondió con un “¡Olé!” Antes del disparo, como marca la tradición en Götzis, y las atletas se lanzaron a la carrera. La atleta de l’Hospitalet necesitaba correr al filo de 2m16s, una marca exigente, aunque asequible, que se le acabó escapando (cruzó la meta en 2m 17,18s). No redondeó su gran regreso al heptatlón tres años después por 17 puntos. Pero era un día para estar feliz.

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