María Tato, hasta ayer la directora de la candidatura española para el Mundial 2030 de la FIFA, responde a la llamada de EL PAÍS ya desde Bilbao, su ciudad, donde dice ser otra persona, lejos de Madrid y de Las Rozas, liberada de la presión a la que se vio sometida tras ser la cara del nuevo escándalo que ha salpicado a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). “Estoy encantada. Tranquila. Muy tranquila. De verdad. Me encuentro muy bien”, dice a modo de presentación. Fue cesada este martes tras la polémica por la elección de San Sebastián en detrimento de Vigo como undécima sede del Mundial 2030, que organiza España conjuntamente con Marruecos y Portugal. El estadio de Balaídos perdió la plaza tras cambiar el comité técnico dirigido por Tato las puntuaciones con unos últimos movimientos que han quedado en entredicho después de la publicación en El Mundo de unos comprometedores audios.

