Mónaco es provinciana y paleta, refugio de millonarios que hacen ruido con sus lamborghinis y ferraris creyéndose Ayrton Senna en la curva del casino entre tiendas de lujo, y al lado mismo sus tubos de escape sofocan el murmullo suave de una cascada deliciosa en un jardín zen, pero, curiosamente, todo el decorado feo del país en el que tiene la sede World Athletics agiganta la figura de María Pérez, una princesa a lo Grace, la primera atleta española elegida la mejor del año en pruebas fuera del estadio por la Federación Internacional de Atletismo. Y tampoco ningún hombre lo había conseguido antes. Tampoco ningún atleta español, hombre o mujer, había ganado nunca cuatro medallas de oro en Mundiales y un oro olímpico también, que es el logro de la marchadora de Orce (Granada), quien, a los 29 años, disfruta jugando a la brisca con su bisabuela, de 87, que le reclama un tataranieto que se junte a los que ya tiene del hermano de la atleta. “Y, de hecho”, dice Pérez, “mi plan es que Los Ángeles 28 sea mi último ciclo olímpico y después dejarlo para ser madre”.

