Una Olimpiada de ajedrez es una gran fiesta universal, con gentes de enorme diversidad, además de una competición muy importante, sobre todo en lo que atañe a los diez primeros lugares. Obviamente, cuando hay 172 selecciones participantes como en la de Tromso (Noruega), 2014, se producen partidas bellas y de gran interés en cada ronda, pero muchas de ellas pasan desapercibidas entre tanta multitud.

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