De David Paravyán sabemos muy poco. Es uno de los muchísimos jugadores temibles, y casi desconocidos, que sigue habiendo en Rusia a pesar de que el ajedrez ya no es -ni mucho menos- tan popular como era en la Unión Soviética, donde se convirtió en una pasión nacional y un escaparate de la (supuesta) “superioridad intelectual del comunismo sobre el capitalismo”.

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