Seguramente, no podía ser de otra forma. ¿Maja Chwalinska? Así es, efectivamente: Chwalinska (Jalinska en la pronunciación). En la línea marcada por este Roland Garros más bien marciano, o cuanto menos impredecible, el torneo propone el enésimo golpe de timón con la resolución de las semifinales femeninas, en las que vuelve a relucir y a triunfar una tenista absolutamente fuera del radar hasta hace cuatro días, desconocida, que tan solo había ganado un par de partidos sobre tierra batida hasta el retorcido desarrollo de estas tres semanas. Que levante la mano quien la conocía. Ahora, sin embargo, siente esa placentera sensación al firmar los autógrafos y al escuchar el último grito de toda una Chatrier, del ¡Ra-fa, Ra-fa!” al “¡Ma-ja, Ma-ja!”.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *