“A la vida llegamos por casualidad, y es limitada. Quiero disfrutarla cuanto pueda y lograr la mejor versión de mí mismo”. Es la filosofía de Magnus Carlsen a los 32 años; ya acumula quince títulos mundiales tras los dos (en las modalidades rápida y relámpago) que logró la semana pasada en Almaty (Kazajistán), y es millonario. Pero dos grandes nubarrones amenazan ese cielo tan azul: ha renunciado a defender el de ajedrez clásico por miedo a perderlo y afronta una demanda judicial por cientos de millones de dólares.

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