Día I después de Madring. Kimi Antonelli cruzó primero la meta del Gran Premio de España, el Rey Felipe VI entregó el trofeo al chico que está reventando la Fórmula 1 y el italiano se llevó su merecido baño de masas con el selfie junto al público de la tribuna principal. Era, al mismo tiempo que el paseo de los aficionados hacia el transporte público, el epílogo perfecto a cuatro jornadas de locura que devolvieron a Madrid a la F1 y cerraron una deuda histórica de 45 años. Madring es del Gran Circo y tomando el mítico título del maestro Sabina (1980) ya se hace balance: «Pongamos que hablo… de Madring».

