Nadar, nadar, nadar. Seguir nadando. Nadar contra viento, frío y mareas adversas. Nadar cuando las brazadas parecen agotarse. Nadar todavía cuando las fuerzas flaquean. Y sin una gota de energía por exprimir, dejar de nadar cuando ya se ve la orilla. Otro día más. La sensación que desprende Luka Doncic como líder absoluto de los Dallas Mavericks es una frustración inabarcable. Un poder superlativo el suyo que, individual, no da para aguantarle el baile al, probablemente, mejor equipo de baloncesto del mundo: los Phoenix Suns, que esta madrugada vencieron a Dallas (129-109) y sellaron el 2-0 en la eliminatoria.

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