La expedición del Paris Saint-Germain desembarcó ayer en Múnich con una pesada carga de nervios. Directivos y jugadores se bajaron del avión preocupados en un clima de inquietud general que solo encuentra una excepción. Luis Enrique, el entrenador, bromea, se ríe. El asturiano disfruta de la tensión que se acumula antes de la final que le enfrentará al Inter de Milán, este sábado en el Allianz Arena (21:00 horas, Movistar). Afronta la culminación de su gran obra con una serenidad que tiene perplejos a todos los que le rodean. Es un caso aparte.

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