<strong>»Dominamos 41 minutos. Así que estamos bien», dijo Draymond Green al terminar el primer partido de las finales de la NBA </strong>que vieron la dolorosa derrota de sus Golden State Warriors ante unos Boston Celtics crecidos en el último cuarto. Crecidos y con una lección de baloncesto y entrenador, de esas que causan furor.<strong> Porque es más que un 0-1 y robo del factor cancha, es desquiciar </strong>a los que parecían vivir en tremenda seguridad y firmeza.

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