Desde que irrumpieron a principios de los años ochenta, los grupos de ultras han logrado mantenerse y alcanzar notoriedad en el fútbol español. Ni los clubes ni las autoridades consiguen desterrarlos. Ya no gozan del descarado apoyo que les ofrecían los clubes (entradas, viajes y habitáculos para guardar su simbología en los estadios), pero su presencia es latente en los partidos tanto fuera como dentro de los campos. Los Boixos Nois, por ejemplo, no entran al Camp Nou desde 2005, pero se han hecho fuertes en los alrededores. La grada de animación del Barcelona, con 1.200 asientos, en la actualidad está formada por cuatro grupos: Almogàvers, un grupo histórico, Supporters Barcelona, Nostra Ensenya y Front 532. Todos ellos tienen el visto bueno de los Mossos, que revisa las listas de los integrantes antes de que el club les autorice a unirse a la zona designada para ellos.

