El portero de la Real Sociedad Álex Remiro afrontó con 20 años el partido que más ilusión le había hecho hasta entonces y también uno de los que más huella le han dejado. Nació y creció en un pueblo de la Ribera de Navarra (Cascante), en ese momento jugaba en el Bilbao Athletic, y ese domingo de 2015 se enfrentaba a Osasuna en El Sadar, en Segunda. “Es el equipo de mi tierra y podía ir toda mi familia”, advierte sentado y algo estirado en una silla de colegio con su 1,91 de altura. “Estaba calentando y, de repente, escucho una voz de hombre gritándome de todo y todo el rato. En una de esas, me doy la vuelta y veo que estaba con un niño y que era de mi pueblo. ¡Vivía a dos calles de casa de mis padres! Ojo, y en Cascante se comportaba tan normal, eh. No paró de insultar”, recuerda.

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