Los porteros decidieron un partido que tenía en vilo a los entrenadores en el Espanyol-Villarreal. Rulli fue un muro que puso a salvo la silla de Quique Setién y Lecomte se marcó un autogol que condenó al equipo del desesperado Diego Martínez. Nada nuevo porque la hinchada ya está acostumbrada a las pifias de sus guardametas en Cornellà. A favor de Lecomte conviene explicar en cualquier caso que el tanto fue tan esperpéntico que no exime de responsabilidad a la zaga blanquiazul y en especial de Brian Oliván de la misma manera que los distintos rechazos avalaron a Pino y Moreno por parte del Villarreal.

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