No necesitó correr. No necesitó gritar. Toni Kroos habló con el balón, como siempre lo hizo. 378 días después de su último pase, el centrocampista alemán regresó al Bernabéu. Lo hizo entre amigos, entre leyendas, entre quienes construyeron la historia reciente del club blanco. Y su sola presencia ordenó el caos de un club que este año no ha aprendido a vivir sin él.

