Tallado sobre la roca de una antigua cantera y considerado uno de los más bellos del mundo por su arquitectura y su integración con el entorno, el campo de Braga es más un paraje que un estadio en sí. Rodeado de pinos y eucaliptos clavados en las escarpadas colinas que rodean el coliseo, la ausencia de fondos diseñada por el prestigioso arquitecto Eduardo Souto de Moura remata su original y rompedora obra. No hay pasión en la zona caliente que son las gradas detrás de las porterías.

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