«Esto se nos ha ido de madre», decía un componente de la selección. Se refería al oro más inesperado en la historia del baloncesto español, pero es la típica frase que se puede decir un miércoles que sales a tomar algo tranquilo y acabas llegando a casa a las 4.00 perfectamente ‘hidratado’. El triunfo de España tuvo algo de eso, de empezar algo sin demasiado convencimiento y acabar viniéndose arriba hasta liarla parda. Es lo que ha hecho.

