No importa. Da igual lo que pase de ahora en adelante, los Boston Celtics ya son un equipo campeón. Lo son por su empeño en demostrarlo, por crecerse ante los rivales más fuertes y porque, en el escenario más temido, con el quinteto titular de vuelta, recordaron una vez más por qué son el equipo más en forma de la NBA. Anoche, en el FTX Arena, allí donde los Heat cuentan el 88% de sus partidos por victorias en los playoffs, el orgullo verde, esta vez de negro, brilló como nunca para tumbar a Miami y dejar las finales de la Conferencia Este a punto de caramelo (80-93; 2-3 en la serie).

