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Los aguafiestas, los olvidados

Fuente: El País Original en elpais.com

No hay fiesta sin aguafiestas. Todos los Juegos Olímpicos, como toda celebración colectiva, tienen sus disidentes, y no es malo que así sea: iluminan los puntos ciegos, son el necesario contrapoder que fiscaliza y puede ayudar a poder a mejorar. “Lo que me inquieta”, escribía Manuel Vázquez Montalbán en EL PAÍS en vísperas de Barcelona 1992, “es que gentes serias, lúcidas, según me consta, y adoradoras de dioses tan menores que ni siquiera son públicos, se hayan prestado a esta romería”. París 2024 empezó con una multitud de disidentes y aguafiestas. Francia era hasta hace cuatro días una nación de vazquezmontalbanes. Lo raro, en las semanas y meses previos, era encontrar a algún entusiasta con los Juegos. Lo raro, unos días después y con un país inflamado de orgullo, es encontrar a quien los critique.