Stephen Curry, uno de los grandes de la historia del baloncesto, observaba desde la ventana de su habitación de hotel la multitudinaria reacción de Minneapolis a la muerte de Alex Pretti el sábado. La estrella de los Golden State Warriors se quedó pegado a la ventana, el televisor de fondo repasando los sucesos extraordinarios de las últimas horas. “Estuvieron allí como tres horas a 10 grados bajo cero. Fue precioso ver esa participación. Habla de lo importante que era para la gente que su voz fuera escuchada. Cuando estás aquí, sientes que deberían ocurrir muchos cambios”, reflexionaba el base de 37 años, la misma edad que tenía el enfermero muerto a manos de la policía migratoria de Donald Trump. También Renée Good, liquidada en otra operación de las patrullas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en la misma ciudad el pasado 7 de enero.

