No todos los días se juega un Mundial, y menos aún si eres Bosnia-Herzegovina. Cuando eliminas a Italia en la tanda de penaltis del último partido de la repesca, en tu propio país, para clasificarte a tu segundo Mundial de la historia tras 12 años de ausencia, lo lógico es que pase lo que acabó pasando en las calles de todo el país bosnio: fiesta, celebraciones y una explosión de alegría colectiva que se prolongó hasta bien entrada la madrugada, con miles de aficionados volcados en un momento ya histórico para su selección. 

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