El Madrid no para y el Barça no arranca. Florentino tiene un plan que funciona mientras Laporta improvisa desde su regreso al Camp Nou. El presidente azulgrana va de asamblea en asamblea en un intento de capitalizar a una entidad bloqueada por las deudas y esclava de un estilo tan adulterado que ni siquiera Xavi reconoce al Barça que se imaginaba desde Qatar. El equipo ya no puede sostener al club porque ha dejado de ganar y el club es incapaz de aguantar al equipo como solía en la derrota después de que hasta 26.238 abonados se tomaran un año de excedencia. El gas sentimental barcelonista ha perdido fuerza frente a las homilías blancas del Bernabéu.

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