Puerta grande o enfermería. Lindsey Vonn sabía a lo que se arriesgaba cuando decidió competir en el descenso de los Juegos después de romperse el ligamento cruzado anterior la semana anterior en Crans-Montana. Se sentía segura, con la rodilla dañada estable. Pero sabía que necesitaba una bajada limpia, sin sustos. Podía ser la última. Y lo fue.

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