Katie Ledecky conquistó su cuarto título mundial de 1.500 metros en Budapest. A su manera. Como una lancha fuera de borda en los primeros 500 metros, impuso la clase de ritmo que nadie más que ella ha sabido sostener en las largas distancias. Cuando acabó la faena, 15 segundos más rápida que su perseguidora más próxima, se la vio sola y aislada como un buque en medio del océano. Ni la calma chicha la detuvo camino de un oro que celebró con más rabia que alegría. El cronómetro indicó 15 minutos, y 30,15 segundos. Diez segundos más que el mejor tiempo de su vida, aquel 15m 20,48s de una lejana tarde de mayo de 2018 en Indianápolis.

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