Para la Scuderia Ferrari todo va al revés. Si necesitan algo de caos, no les beneficia. Si están bien en condiciones óptimas, el coche desaparece. Ocurrió otra vez en Las Vegas, con un sábado que les borró del mapa después de un viernes prometedor. Lewis Hamilton, apagado, saldrá último. «No pude hacer funcionar a los neumáticos», apuntó. Y Leclerc partirá noveno con uno de los mayores cabreos que se le recuerda.

