El destino parecía escrito para quien nacía en Akron a mediados de los ochenta. A 50 kilómetros de Cleveland, al noreste del estado de Ohio, la ciudad era un nido de pobreza y delincuencia, el lugar donde los padres de las familias negras enseñaban a sus hijos a esconderse cuando veían un coche de policía. Si el chico era además el niño de una madre de 16 años, sola porque el padre del bebé la abandonó al quedarse embarazada, la ruleta del futuro apuntaba a una vida de sufrimiento. Al menos ese era el camino común en aquel lugar y circunstancias. Cómo una pelota naranja cambió la vida del protagonista de esta historia es casi irreal. Pero es la historia de LeBron Raymone James. El hijo de Gloria. El chico de Akron.

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