Carlo Ancelotti se quitó de encima el primer día del curso oficial una de las cantinelas de la temporada pasada. La pregunta era recurrente y la respuesta, siempre la misma. “¿No va a rotar?”, le cuestionaban con frecuencia. “No voy a cambiar a un jugador solo por la posibilidad de que dentro de tres meses pueda estar cansado. Cuando lo esté, lo cambio”, no dejó de insistir Carletto. Las alineaciones eran 10 fijos más uno ambulante en ataque. No se movió de esa receta en ocho meses y no faltaron los vaticinios de un desplome físico. Pero eso no ocurrió, más bien al contrario. El equipo terminó levantando la Liga y la Champions, en buena medida, precisamente por músculo, fibra y resistencia. El “método Pintus” (el nombre del preparador físico), se argumentó dentro del club y se gritó en el vestuario.

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