Un aire de nostalgia recorre el Estadio Nacional. ¡Qué lejano parece ya el 13 de septiembre! Los atletas y el público sienten que, después de tantas emociones, de tantas actuaciones extraordinarias, casi fuera otro mes. El otoño se ha colado a la tarde por el céntrico parque Yoyogi, el del templo donde caen las primeras hojas y el de los ‘rockabillys’ japoneses que al fin pueden bailar sin sudar al pie de la colina con sus chupas vaqueras y sus botas de chúpame la punta. En el subterráneo del recinto olímpico, donde hace un rato ha diluviado y donde nadie añora el calor pesado, desfilan los últimos atletas antes de apagar los focos, y allí aparecen cuatro mujeres sonrientes, siempre tan parlanchinas y sobreexcitadas tras el golpe de adrenalina, un quinto puesto histórico. Son cuatro atletas que han revolucionado una prueba tradicionalmente inabordable para España: el relevo 4×100.

