La selección femenina de balonmano se quitó de en medio un compromiso -nunca mejor dicho- muy incómodo contra Israel. Y no por la potencia del rival, al que derrotó de manera incontestable (22-38) en la clasificación para el Europeo 2026, sino por las circunstancias tan especiales que rodean hoy cualquier partido contra un equipo o combinado israelí debido al gran rechazo político y social que genera este país, y que se extiende de forma inevitable a sus deportistas, por la matanza de civiles de su Gobierno en la Franja de Gaza.

