Hay un momento especialmente embarazoso en la vida del periodista con redes sociales que consiste, con tu pieza ya publicada, en elegir las mejores dos o tres líneas con las que ‘vender’ tu producto en Twitter o Facebook. En un reportaje o en una entrevista lo tiene uno fácil, elige algo dicho por otro y ya está. ¿Pero en la columna? En la columna tienes que destacar algo tuyo, algo tuyo que no sólo supones bueno sino que se lo dices a los demás: “Hey, esta es buena mierda; hay más dentro, clicad, pero he seleccionado esto porque creo que aquí he estado especialmente ingenioso, o acertado, o divertido, o fino”.

