Las ciudades han dejado de ser un mero escenario para convertirse en parte de la estrategia de los organizadores de eventos. Mundial de Fútbol 2030, finales de la Champions League en Madrid en 2027 y en Barcelona en 2029, Fórmula 1, MotoGP, el Grand Départ del Tour de Francia o una prueba de Premier Padel compiten por espacio en los calendarios municipales y autonómicos. Y, con ellos, también compiten los propios destinos. La pugna por atraer grandes eventos tiene una traducción económica. Las administraciones asumen cánones que pueden ir desde decenas de miles de euros hasta varios millones por edición, además de costes asociados a seguridad, movilidad, promoción, instalaciones y servicios. A cambio, buscan visitantes, pernoctaciones, consumo, empleo y proyección internacional. En definitiva: impacto económico y legado a largo plazo.
La jornada · lunes, 28 de septiembre de 2026
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