El Mundial es una carrera de un solo día, sin segunda oportunidad. Un circuito, equipos nacionales que deben coordinarse sin pinganillos y un puñado de movimientos capaces de desmontar cualquier quiniela. Brandon McNulty lo ha vuelto a demostrar en Montreal: el estadounidense atacó a 32 kilómetros de la línea, se fue en solitario y transformó un ataque lejano en el maillot de campeón del mundo. Su triunfo interrumpe la racha de los últimos años, dominada por Tadej Pogacar (ausente esta vez por su caída en La Vuelta), Remco Evenepoel, Mathieu Van der Poel o Julian Alaphilippe, retirado tras el último Tour. McNulty se suma así a una nómina que el ciclismo engrosa desde hace décadas: la de quienes llegaron al Mundial sin los focos encima y se fueron con el arcoíris puesto.

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