Todo surgió el pasado domingo en el vestuario del Milano Rho Arena, sede olímpica del hockey sobre hielo, a las afueras de Milán. Tras una final extenuante ante Canadá, resuelta por dos tantos a uno, los jugadores de Estados Unidos celebran cerveza en mano la primera medalla de oro masculina desde 1980. La exaltación escala por momentos en la fiesta estadounidense y es entonces cuando uno de los delegados advierte de una llamada: al otro lado del teléfono está el presidente de la nación, Donald Trump.

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