Nico Williams miró con buenos ojos su salto al Barça, algo normal, más allá de su predicada amistad con el bro Lamine. Ese camino lo tomaron ya Garay, Zubizarreta y Alexanko. Faltó delicadeza por parte del Barça hacia el Athletic, compañero de aventuras a lo largo ya de 125 años. Laporta y todo el Barça se comportaron con una altivez irritante que llevó al presidente athletico Jon Uriarte, a exigir que se fiscalizaran las cuentas del Barça, que ya no resisten ni el más piadoso de los análisis. Otra cosa es que el gobierno, vía González Uribes, permitiera en enero inscribir a Olmo por encima de toda razón, y otra que el Barça pudiera a estas alturas, afrontar un pago de 62 millones más el de 25 por Joan García, por mucho jugador del que se desprenda y mucha palanca de palcos VIP en el novísimo estadio que quiera esgrimir.

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