El Barcelona de Hansi Flick aspiraba este curso a reconquistar Europa después de quedarse con los tres títulos de España la campaña pasada —Liga, Copa y Supercopa— y tras caer en la semifinal de la Champions frente al Inter. Lamine Yamal también quería subir un peldaño más en su precoz y mediática carrera. Ambos, una simbiosis imprescindible para el éxito azulgrana, siguen en la sala de espera. El Barça del alemán no carbura, mientras que Lamine alterna buenas con malas actuaciones: por momentos está despistado, en otros enchufado; siempre tan canchero en redes cuando se avecina el éxito como enfadado en el campo cuando todo se tuerce.

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