Si una posición ha destacado por su fragilidad en el Real Madrid de los últimos años, esa ha sido la de central. Un mal que empezó a reproducirse en la temporada 2024/25, cuando el club vio cómo tres de sus baluartes caían casi en cadena. Militao fue el primero, con la rotura del cruzado anterior y afectación de ambos meniscos en noviembre de 2024; después, ya en la recta final del curso y con un par de días de margen entre ambos, Alaba y Rüdiger se rompieron el menisco de la rodilla izquierda. La zaga quedó tiritando y Ancelotti tuvo que improvisar. La reconversión de Tchouaméni a central en varios tramos, la explosión de Asencio desde el Castilla y las apariciones de Jacobo Ramón fueron los parches del italiano tapar los agujeros de un eje desmantelado.

