Faltaban 51 días para el inicio de la WNBA y la trigésima temporada de la competición estaba en serio peligro. La Liga y la asociación de jugadoras no se ponían de acuerdo sobre el nuevo convenio colectivo, uno que debía adecuarse al estatus y a la importancia que han alcanzado las protagonistas del juego. La WNBA había crecido mucho en cuanto a asistencia a los pabellones, audiencias, publicidad… pero no en salarios y otras condiciones del día a día.

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