A estas horas en que escribo aún no han jugado Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, ni Arda Güler ni Lamine Yamal. Cuatro nombres que no existían en las páginas de un periódico hace diez años. Cuatro nombres que ocuparán todas las páginas en los próximos diez. Su aparición estridente convierte el tiempo en que no existían en pura víspera. Tienen algo en común los cuatro: no son especialistas en nada, no son jugadores de saque y red, ni de fondo, ni extremos regateadores, ni mediapuntas de último pase. Son todo y nada, fluidez absurda. Es curioso el tiempo que viene, un tiempo de impresiones fuertes. Uno ve jugar a Carlos Alcaraz y tiene la impresión de estar viendo el tenis que se esperaba dentro de diez o quince años. Quizá el futuro sea esto: deportistas jóvenes e impredecibles esforzándose en romper límites antes de tiempo. ¿Alguien esperaba a Messi después de Messi tan pronto? Messi tardó 20 años en aparecer después de Maradona. ¿Otro zurdo enloquecido yendo varios cuerpos de ventaja a los 17 años de sus rivales? El futuro es un lugar extraño y a la vez familiar. Es el extranjero con los papeles en regla.

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