Irlandés sentimental y loco, Ben Healy, en fuga bajo la lluvia con el pesado de Marc Soler y el tenaz Mattias Skjelmose, se empapa en la Itzulia con la cabeza puesta en las clásicas de las Ardenas, como también piensa en ellas, en la Amstel, en la Lieja, Paul Seixas, de amarillo Itzulia desde el primer día, la piedra sobre la que se edificará el ciclismo mundial los próximos años. Con él resucitará Francia, que no gana el Tour desde hace 41 años y que no tenía a un ganador de una prueba por etapas del WorldTour desde que Christophe Moreau se impuso en la Dauphiné de 2007, cuando Seixas no había cumplido ni un año. Entre medias, la sequía de grandes talentos, de Pinot, de Bardet, de Gaudu.

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