En los viejos bares y comercios roñosos, junto al San Pancracio y su ramita de perejil dando la espalda colgaba un cartelito que se consideraba la cumbre del ingenio, “hoy no se fía, mañana sí”, una condena a la nada que los mejores del 106º Giro de Italia, en cierta forma, han hecho orgullosamente suya.

