Daniel Ricciardo sufrió el accidente más aparatoso del día y a su ingeniero, Tom Stallard, le traicionó el subconsiciente. <strong>»¿Cómo está el coche?», le dijo al piloto, «Yo bien gracias», respondió con retranca el autralian</strong>o. Al de McLaren le bailaba la calculadora, porque cualquier toque o rotura de pieza este año es más doloroso que nunca. Hay techo, 135 millones de euros (145 de dólares) y hay inflación, lo que está estirando mucho el chicle financiero de los equipos.

