Es lunes de Pentecostés, festivo en Francia, y al sol de estos días le acompañan unas ráfagas de viento que en algunos instantes ensucian el pulcro ejercer de Novak Djokovic. El serbio controla la situación, pero algunos detalles no le gustan. Por ejemplo, que por quinta vez salte el chivato cuando la bola roza la cinta en el saque. “¡Es increíble!”, lamenta el de Belgrado, que en el tercer parcial sufre un ligero lapsus –sin consecuencia alguna; 6-3, 6-2 y 7-6(1) a Aleksandar Kovacevic– y se afea: “He perdido un poco la concentración y a estos niveles no puedes regalar nada, pero las sensaciones han sido buenas en general”.

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