El ser humano, cuando no controla el resultado, controla el ritual. Cambia el orden en que se ata los cordones, evita pisar las rayas del suelo o no lava la camiseta que llevaba cuando ganó. La superstición no es irracionalidad. Es la respuesta instintiva de quien sabe que el azar existe y prefiere negociarlo antes de que llegue. Y el Real Madrid no es ajeno. Esta semana ha llegado a Lisboa dispuesto a cambiarlo todo.

