Qué fácil es hacer demagogia. Qué poco cuesta hacer un retuit. O darle al like. Son décimas de segundo. Una crítica rápida y eficiente. Tanto, que resulta igual de fácil equivocarse. O venirse arriba demasiado pronto. Pasa cuando una ve una entrega de medallas cutre. Alejada de los fastos vistos apenas unos días antes en Riad, ciudad de rascacielos y lujo, de burkas y mujeres de negro; una ciudad que acogió la final de la Supercopa y en cuyo estadio se levantó una magnífica plataforma junto a una copa gigante, del tamaño de un edificio, para recibir a los finalistas, colgarles la medalla al cuello y entregarles la copa de verdad, que abultaba bastante menos pero le supo a gloria al Barça, campeón ante un Madrid apagado.

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