A <strong>Julen</strong> le queda un <em>pelao</em>. Los insostenibles resultados del <strong>Sevilla</strong> en este inicio de temporada, con <strong>cuatro derrotas en cinco partidos oficiales</strong>, son una losa terriblemente pesada para un equipo que <strong>no perdía ni queriendo</strong>. Ni aunque se dejase. No hay entrenador que aguante esta situación en el banquillo del <strong>Sánchez-Pizjuán</strong>, lugar donde permanecer más de tres años es casi una heroicidad. Más si desde el primero saboreas la felicidad que te supone volver a tocar la gloria. Y más en año de pandemia. Nadie quiere bajarse de ahí. Sin embargo, en Nervión la necesidad en los cambios constantes de proyecto (ventas de jugadores importantes por las plusvalías) prácticamente <strong>obligan a regenerar el vestuario de cabo a rabo cada bien poco</strong>, comenzando por el que manda. Hay técnicos que llevan mejor lo de construir desde las cenizas. A otros no se les da igual de bien. Hablaba el presidente de que <strong>la cuarta plaza fuese el campo base…</strong> Una frase tan repetida que perdió su sentido y valor real. <strong>Sin inversión no hay presente. Menos futuro</strong>. Pocos jugadores vendibles hoy día, menos perdiendo credibilidad con cada partido. Se ha firmado a mucho veterano queriendo salir del hoyo. <strong>Se soñaba con encontrar un Cholo para el Sevilla</strong>. Un hombre que sacase resultados con los mimbres que fuesen. Sinceramente, no creo que aceptase lo que <strong>le han firmado al bueno de Julen en un verano que será recordado como el que Monchi apostó más por los tiros al aire por encima de las certezas</strong> (el Big Data habrá encontrado los centrales, como mucho), cuando su propio entrenador necesitaba tocar y sentir esas realidades para que <strong>el equipo no se le cayese a pedazos. Se le ha desbaratado sobre la hierba de Nervión, donde aún duele más</strong>. Que tu gente lo vea, lo sienta y casi parezca que asuma la triste realidad del equipo es un golpe del que no te recuperas. <strong>No hay a qué agarrarse</strong>. La imagen ofrecida en los dos últimos partidos, por mucho que <strong>Barcelona y City</strong> sean dos gigantes, deja patente que <strong>el Sevilla ha bajado tres escalones en cuanto a fútbol, competitividad y amor propio</strong>. Y esto último no se puede perdonar. Ni se debe. <strong>La historia del Sevilla dejará a Lopetegui a la altura de sus merecimientos. Su salida provocará sonrisas, incluso aplausos</strong>. El consuelo es que el sevillista sabe que <strong>no es el máximo responsable</strong>. Eso habla bien de una afición madura que está asumiendo a marchas forzadas la realidad de un año jodido. Muy jodido.

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