No se puede negar que las dichosas palancas suponen catapultas de ilusión para el barcelonismo. La sensación es que el presidente del Barcelona ha decidido jugarse el futuro del club, incluso la posibilidad de que deje de ser de sus socios, al éxito deportivo a corto plazo. Lo de este mercado del Barça es tan contradictorio, que supone una bendición para la Liga tener a jugadores como <strong>Lewandowski</strong>, <strong>Raphinha </strong>o <strong>Kessié</strong>, pero resulta una afrenta para el inmovilismo del resto de clubes, especialmente elocuente en Atlético de Madrid y Sevilla, sin margen de maniobra por unos límites salariales nada adaptados a las consecuencias de la pandemia. La línea entre la valentía y la imprudencia de <strong>Laporta </strong>es demasiado delgada. Muy pocos son los que salen ganadores en Las Vegas.

