México jugaba contra las probabilidades y sus límites. Los futbolistas mexicanos ya no aspiran a dar el gran salto mundial para colarse entre las 10 mejores selecciones del mundo. Ahora juega para evitar fracasos, para ganar por la mínima, para minimizar daños provocados por los dirigentes de su país. La selección mexicana está embarrada en el lodo, sin posibilidad de levantarse de un nocaut. Los aficionados, fieles seguidores en Estados Unidos, ya empieza abandonar al equipo. El barco mexicano está encallado, con una avería que exige al más prolífico entrenador para rescatar a una plantilla sin gol, ni seguridad con el balón. Contra Ecuador, el equipo mexicano dependía de sí mismo y su propia identidad lo abandonó con un empate 0-0, insuficiente para jugar los cuartos de final en la Copa América.

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