Cuando Cristiano Ronaldo ya había empezado a llorar, como cuando Marruecos echó a Portugal de su última Copa del Mundo, llegó el rescate de un héroe con guantes, el nuevo Dibu Martínez de Qatar, otro Iker de Sudáfrica. Oblak le había detenido un penalti a CR7 en la primera parte de la prórroga. Ocho años después de encontrarse en la tanda de la final de la Champions de Milán y ver cómo entraba el balón por su izquierda mientras él se tiraba al otro lado, esta vez escogió la izquierda y allí estaba de nuevo el lanzamiento del portugués, al que empezaron a brotarle las lágrimas. Todavía le quedaban restos del llanto cuando Sesko se plantó solo ante Diogo Costa, que extendió el pie y mandó la eliminatoria a los penaltis, donde alargó con tres paradas un poco más la vida de Cristiano en la élite. Portugal dejó en el camino a la primeriza Eslovenia y se verá el viernes en los cuartos con Francia, casi igual de decepcionante en su juego que la selección de Roberto Martínez.

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